Cap. 58: Algún día sabré la verdad.
Teo se desperezó y, aún en pijama, caminó hacia la cocina rascándose la cabeza, con los pies descalzos arrastrándose sobre el suelo de madera.
Al llegar al borde del pasillo, se detuvo en seco.
Allí, en el sofá, dormía Iker, envuelto en una manta hasta la cintura, con la cabeza ladeada y el ceño relajado, como si el cansancio lo hubiese vencido por completo. Teo frunció ligeramente el entrecejo, sorprendido de verlo allí, no dijo nada, pero intentó acercarse para despertarlo.
—Shhh —susurró Ame