Cap. 58: No vamos a permitir que nos separen.
Una enfermera entró de inmediato, revisando los signos vitales.
—¡Señora, por favor, salga ahora!
—¿Qué le pasa? ¿Está bien? —preguntó Amelia, con la voz temblorosa, sin moverse del sitio.
—Está muy débil. Salga, por favor —repitió la enfermera, mientras otro miembro del equipo ingresaba corriendo.
Amelia retrocedió lentamente, sin soltar del todo la mano de Lisandro hasta que se la apartaron. Dio un paso hacia atrás, luego otro y la puerta se cerró frente a ella.
Afuera, en el pasillo, el mund