Cap. 304: Un amor inesperado.
Cap. 121
Fabiola acomodó las últimas ramas de eucalipto en el jarrón principal de la tienda y se quitó el delantal de lona. Miró a la joven que había contratado un mes atrás para encargarse del mostrador y de los pedidos vespertinos mientras ella asistía a la universidad.
—Ya me voy, Raquel. Quedan pendientes los arreglos para la cena del hotel de la avenida. Cualquier duda, me llamas al móvil —le indicó, agarrando su bolso de cuero y su cuaderno de apuntes.
—Vaya tranquila, jefa. Yo me encargo