Cap. 305: Un amor inesperado.
Epílogo
El reloj digital de la cocina marcó las siete de la mañana en punto. Teo ajustó la correa de la pequeña mochila azul con la precisión de un ingeniero, asegurándose de que el peso estuviera distribuido exactamente de forma simétrica. A su lado, en la barra, tres loncheras de acero inoxidable permanecían alineadas por tamaño.
—Teo, por favor, solo va al preescolar, no a una misión de la NASA —dijo Vera, entrando a la cocina mientras se amarraba el cabello en una coleta alta.
—Un correcto