Cap. 248: Un amor inesperado.
CAP. 65
Vera no podía quedarse quieta. Sus pasos resonaban en el pasillo de baldosas blancas, yendo y viniendo frente a la puerta de cristal de la unidad de cuidados intensivos. Tenía la ropa impregnada con ese olor a quemado que parecía haberse instalado en sus poros, y cada vez que cerraba los ojos, veía la viga cayendo sobre Teo.
De pronto, la figura de Marcos apareció al final del corredor. Caminaba con paso apresurado, con el rostro contraído en una mueca de angustia fingida.
—¡Vera! —excl