Cap. 284: Un amor inesperado.
Cap. 101
Armando atravesó el pasillo de la prisión con una expresión de piedra, ignorando el sonido metálico de las rejas cerrándose a su espalda. Cuando llegó al cristal del locutorio, vio a Alessandra. Lucía demacrada, con el uniforme naranja que contrastaba con la imagen de sofisticación que siempre había proyectado.
En cuanto ella tomó el auricular, su voz salió cargada de una desesperación fingida.
—Armando, gracias a Dios viniste —sollozó ella, pegando la mano al vidrio—. Tienes que ayud