Cap. 220: Un amor inesperado.
Cap. 37
Teo y Vera entraron juntos, con los dedos entrelazados de una forma que no dejaba lugar a dudas.
Fabiola, que ya estaba sirviendo el café, se detuvo en seco al verlos. Sus ojos saltaron de las manos unidas a los rostros de ambos, notando el brillo distinto en la mirada de Teo y la tensión defensiva en la de su hermana.
—Vaya... —soltó Fabiola con una sonrisa maliciosa—, parece que el aire de la montaña hace milagros. ¿Van a decirme qué está pasando o tengo que llamar a Mateo para que n