Cap. 168: El último recuerdo.
Cap. 46
La luz era blanca. Demasiado blanca, cegadora como un quirófano infernal.
Lisandro parpadeó varias veces antes de entender que estaba de pie en una habitación que no reconocía. Olía a desinfectante. A metal oxidado. A sangre y miedo rancio. El sonido de un monitor cardíaco marcaba un ritmo irregular, acelerado, como un tambor de guerra que le retumbaba en el cráneo.
—No… —susurró.
Valentina estaba tendida en una camilla, con el cabello pegado a la frente por el sudor, el rostro desencaj