Cap. 167: El último recuerdo.
Cap. 45
Lisandro la mantuvo apretada contra él, protegiéndola con su propio cuerpo, la mirada fija en la puerta. El silencio que siguió a la detonación fue casi más inquietante que el estruendo, hasta que unos pasos apresurados resonaron en el pasillo. La puerta se abrió de golpe y uno de los guardias de seguridad irrumpió en el salón, con el rostro sudoroso, pero con una expresión de alivio que aflojó la tensión en el ambiente.
—¡Tranquilos! No hay daños aquí —anunció, alzando las manos en un