Cap. 10: “PADRE A” y “PADRE B”
Iker soltó la muñeca de Amelia de inmediato. Al volverse hacia la puerta, sus ojos se encontraron con unos ojos brillantes y penetrantes, y se quedó paralizado.
Una extraña sensación de familiaridad que irradiaba frente a él, los ojos del niño le provocó un inexplicable escalofrío, que le oprimió la garganta hasta dejarlo momentáneamente sin habla.
—Teo… —murmuró Amelia, intentando sonar tranquila—. No es lo que piensas.
El pequeño dio un paso dentro de la sala, sin apartar la vista de Iker. Su