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Capítulo Cuatro: Caminos que se cruzan, mundos aparte

La mujer que Adrian vio no era Nadine. Era Clara.

—Liam, ¿por qué te alejaste de mí? —preguntó Clara con voz preocupada.

Se acercó rápidamente a Adrian y lo tomó suavemente de sus brazos.

—Lo vi vagando y quise ayudarlo a buscar a su madre —murmuró Adrian, algo decepcionado—. Me alegra que estés aquí.

—No soy su madre —respondió Clara con una sonrisa cansada—. Soy amiga de su madre: Clara.

—Clara —repitió Adrian, conteniendo las ganas de preguntar si su amiga era Nadine.

—Liam, me tenías preocupada —dijo Clara, dirigiendo su atención al niño—. ¿Dónde está tu dibujo?

El rostro de Liam se ensombreció al darse cuenta de que había perdido su dibujo. Miró a su alrededor, agarrando con cautela las mangas de Clara. Adrian bajó la mirada instintivamente al suelo, buscando el dibujo.

Tras echar un vistazo a su alrededor, divisó un papel a pocos metros, sobre un adoquín. Se acercó y lo recogió, y sus ojos se posaron en el dibujo de un niño llamado Liam, su madre y un padre borroso.

—Ese es su dibujo —exclamó Clara, acercándose a él.

Tomó el dibujo de Adrian y se lo entregó a Liam. Liam sonrió feliz al verlo.

—Gracias por ayudarnos, señor —dijo Clara agradecida antes de marcharse.

—Liam… —Adrián dejó la frase inconclusa, mientras los veía desaparecer entre la multitud.

___ Las calles de Seabrook Haven se extendían ante Adrian, tranquilas y pintorescas. Senderos empedrados serpenteaban por un pueblo que parecía detenido en el tiempo, con encantadoras tiendas y jardineras rebosantes de flores vibrantes. Sin embargo, la serenidad a su alrededor solo hacía que la tormenta en su mente fuera más insoportable.

No podía dejar de pensar en Liam. La imagen del dibujo, que destellaba en su mente, era un vívido recuerdo del niño.

La mirada penetrante de Liam, sus cejas pobladas y adorables, y su linda sonrisa: todo eso atormentaba a Adrian. Pero, sobre todo, el asombroso parecido con Adrian lo tenía inquieto.

Adrian apretó el volante mientras conducía por el centro del pueblo. El encanto idílico de Seabrook Haven parecía burlarse de él con su tranquilidad. Para todos los demás, la vida allí parecía sencilla: sin secretos, sin complicaciones. Pero para él, este lugar se estaba convirtiendo rápidamente en un laberinto de preguntas sin respuesta.

Al llegar al Hotel Grand Harbor, cuya elegante fachada resplandecía cálidamente bajo la luz del atardecer, entró en el estacionamiento y apagó el motor. Su mente era un campo de batalla de dudas y determinación.

Dentro, Marcus lo esperaba en el salón, apoyado despreocupadamente en la barra con una copa en la mano. Su actitud relajada solo acentuaba su tensión.

Marcus era su amigo y lo había recogido del aeropuerto horas antes.

Cuando Marcus se acercó, arqueó una ceja con una sonrisa burlona. «¿Por fin te decidiste a venir conmigo, eh? Empezaba a pensar que te habías perdido en este pueblo de postal».

«Basta de charla», murmuró Adrian, deslizándose en el taburete junto a él. Su tono debió de delatar su estado de ánimo, porque su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión de preocupación.

«¿Qué pasa?», preguntó Marcus, dejando su bebida sobre la mesa.

Adrian vaciló, removiendo el líquido ámbar en el vaso que le había servido. ¿Cómo iba a explicar lo que sentía?

«Hoy vi a un chico», dijo finalmente en voz baja. «Se parecía mucho a mí, Marcus. Los mismos ojos, la misma maldita sonrisa».

Marcus parpadeó, inclinándose hacia adelante. «¿Crees que es tuyo?».

«No lo sé», admitió, negando con la cabeza. “Pero vi su dibujo, Marcus. Tenía tres figuras de palitos: una madre, un niño y un ‘papá’ sombrío. Si eso no grita ‘secretos’, no sé qué lo hará.”

Marcus frowned, processing his words. “And you think Nadine is here? That she’s been hiding him from you?”

“It’s the only thing that makes sense,” He replied, downing the whiskey in one gulp. “I can’t explain it, but I feel it in my gut. That boy is mine.”

Marcus leaned back, crossing his arms. “Well, if she’s here, we’ll find her. But you need to keep your head straight. Tomorrow, we’ve got that meeting at some local café. Maybe it’ll give you a chance to clear your thoughts—or get more clues.”

He nodded, though his mind was already elsewhere.

__

The next day, Marcus and Adrian pulled over in front of a cafe. Adrian instantly recognized it to be Harbor Cafe.

"Harbor Café" Adrian gasped, his face flushed.

"Have you been here before?" Marcus inquired, glancing at the café.

"Nadine..." Adrian whispered, his voice barely audible.

"Adrian, please get your head out of the clouds," Marcus implored, taking his phone from the cup holder. "We have Important people waiting for us."

"Yeah, I'm sorry," Adrian apologized, taking a deep breath.

They both stepped out of the car, and walked into the café. The smell of coffee waffled through the air, it's warmth making Adrian more uneasy.

He glanced around, his eyes searching for someone—the woman he yearned for.

"Gosh!" Someone whimpered, bumping suddenly into him.

Adrian lowered his gaze, and saw Clara. This instantly confirmed his suspicions. If Clara was here, then Nadine was truly the woman in the photo and Liam was his son. There had to be no doubt about it.

"You..." Clara mouthed, recalling his face. "You're the one who helped Liam, right?"

"Yes, I am," Adrian admitted. "Is your friend here?"

"Yes, she is," Clara nodded with a smile. "I'm sure she would like to thank you. She almost killed me yesterday for being careless with Liam."

Adrian's heart pounded at her words. He was going to see Nadine. How would she react at the sight of him? Would she kick him out of the cafe? Slap him? Call the cops?

"Just give me a second, I'll be back," Clara beamed, rushing away from his sight.

As she got into the kitchen, she found Nadine making some pastries.

"Nadine, someone wants to see you," Clara announced.

"Who is it?" Nadine asked, her voice tense. "I'm quite busy right now. Can you tell them to wait?"

"It's actually the man that helped Liam yesterday," Clara revealed, a smile forming on her lips.

"Oh," Nadine gasped. "I am so grateful for what he did. I have to see him. Just give me a second."

Nadine wiped her hands and walked to Clara.

"Let's go," Clara smiled, taking her out of the kitchen.

The moment Nadine stepped out of the kitchen, she felt a sudden tension within her. But she quickly waved it off and proceeded with Clara.

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