Nadine se quedó paralizada, con el corazón latiéndole con fuerza, al oír el fuerte golpe que resonó en la silenciosa casa. Liam, sentado con las piernas cruzadas en el suelo, se animó y sonrió.
—Mamá, ¿es papá? —preguntó emocionado, poniéndose de pie de un salto.
—No, cariño, no es papá —dijo Nadine rápidamente, intentando calmar su voz. Se apresuró a acercarse, sujetando la mano de Liam antes de que llegara a la puerta—. Ve a tu habitación, ¿de acuerdo? Quédate ahí hasta que mamá diga que es s