La luz del amanecer se filtraba por las ventanas del café, bañando el espacio con un cálido resplandor. Nadine limpiaba la barra con movimientos rígidos y deliberados. En su mente revivía la inesperada visita de Adrian el día anterior, cuyas palabras la atormentaban. Al otro lado de la sala, Clara estaba sentada en una mesita con Liam, quien reía mientras ella doblaba servilletas de papel formando pequeños barquitos.
—¡Mamá! —La voz de Liam la sacó de sus pensamientos—. ¡Mira! ¡La tía Clara hiz