El suave pitido de los monitores llenaba la habitación del hospital mientras Nadine se sentaba junto a la cama de Liam, con la mano apoyada suavemente sobre la suya. Se veía tan tranquilo, su respiración tranquila, su rostro pálido recuperando lentamente el color. Fue un alivio después de las angustiosas horas que acababan de pasar. Pero el alivio de Nadine fue fugaz, reemplazado por la tormenta que se gestaba en su interior.
Adrian permanecía al otro extremo de la habitación, observándolos en