Si algo me pasa...
La mañana llegó demasiado pronto. Como siempre, el sol se filtraba a través de las cortinas, despertándonos de nuestro sueño. Oliver se despertó primero, mirándome mientras dormía. Su rostro estaba relajado, sus labios ligeramente separados, y sus manos acariciaban mi cabello esparcido por la almohada. Era una visión hermosa, y me tomó un momento para apreciarla. Así que simulé dormir.
—Buenos días, Agnes. —Susurró con voz ronca.
Abrí los ojos lentamente, sonriendo al ver su rostro.
—Buenos día