El sueño de mi vida.
La vida nunca no es lo que esperamos. Al menos para mí fue así, a los ocho años, soñaba con tener mi propio lugar en el mundo.
Cuando mis padres y yo fuimos invitados a una boda, quedé maravillada al ver el vestido de la novia. El blanco carmesí y las perlas de ese ostentoso vestido me hacían olvidarme por completo de las reprimenda y todos los reglamentos de mis padres. Fue en ese momento cuando decidí estudiar diseño.
Pronto entré a la universidad y aunque había pasado tanto tiempo, todavía