El nacimiento de Amy.
El aire parecía más frío de lo normal aquella mañana, como si Londres estuviera alineándose con la tensión que sentía en mi pecho. Las semanas habían sido largas, pero ahora los días se movían a un ritmo vertiginoso, empujándome hacia un momento que sabía cambiaría mi vida para siempre. En el fondo, estaba emocionada, pero esa emoción venía acompañada de miedo, un miedo que se había vuelto constante desde que supe que estaba embarazada.
La primera señal llegó alrededor de las tres de la madruga