Capítulo 49.- Los planes de Roldán.
El silencio reinaba en la sala de juntas después de que Blair saliera. Roldán permaneció de pie, con la mirada clavada en la puerta cerrada, los dedos tamborileando contra el borde de la mesa. Aquella mujer, esa maldita mujer, había logrado lo que nadie en años: arrinconarlo.
No porque los documentos que llevaba fueran suficientes para hundirlo de inmediato, sino porque su mera existencia significaba una grieta. Y él sabía que en el mundo de los magnates, una grieta podía convertirse en un derr