El punto de contención de la Eirikr Jackson no tenía nombre porque los lugares que guardan cosas que no pueden guardarse en ningún otro lado funcionan mejor sin uno.
Era una nave industrial en la periferia de Lakewood, de esas que el tiempo había ido consumiendo sin terminar de devorar: las paredes de concreto tenían manchas oscuras que subían desde el suelo como plantas que hubieran decidido crecer hacia adentro, las ventanas clausuradas con plancha de metal oxidado dejaban pasar apenas líneas