Me levanté de un brinco. No quería estar ni un segundo más en esa mesa. Nos fuimos a la pista de baile casi corriendo.
—Lamento mucho lo que pasó —mascullé en cuanto estuvimos muy cerca—. Yo no pude evitarlo…
—Gracias —susurró él, dejándome muy sorprendida—. Ese idiota me ha fastidiado toda la vida y nunca tuve el valor para ponerlo en su sitio.
—¿Por qué no le dices a tu mamá? —inquirí mientras nos movíamos al ritmo de la música.
—No quiero problemas. Además, nunca he dejado que sus palabras m