Abrí los ojos con fascinación y di varios brincos de emoción. ¡Dios! No podía creerlo. Mi corazón latió desaforado en mi pecho, ante la idea de vivir con mi padre y poder alejarme de las estrictas reglas de mi mamá.
En ese momento se me olvidó el mundo.
El Trastorno Obsesivo Compulsivo de mi madre por la limpieza, me llevó al límite. Yo tenía un gran defecto: era desordenada hasta la médula, así que se imaginaran las batallas campales que tenía con ella por tan solo dejar mis calcetines hechos