Confieso que hubo un momento en que soñaba con la llegada de mi príncipe azul, con enamorarme perdidamente de un hombre que me dijera cosas lindas, que me regalara flores y chocolates, que me deleitara con poemas y serenatas a media noche; que me curara el corazón. Anhelaba amar y ser amada con la misma intensidad que yo lo hacía. Y cada vez que conocía a alguien, cometía el error de aferrarme y entregarme en cuerpo y alma.
Al principio todo era hermoso, pero la magia solo duraba pocos días. Co