Adam estaba sentado en la sala de juntas, solo, con las manos entrelazadas sobre la mesa pulida de caoba. El reloj de pared marcaba las 3:30 de la tarde, media hora antes de lo pautado para la reunión, pero no le importó. Había llegado antes a propósito, buscando un momento de calma que le permitiera recomponerse antes de enfrentarse a la junta directiva. La ansiedad burbujeaba en su interior, aunque su exterior permanecía impasible. Sabía que debía proyectar serenidad, incluso cuando sentía qu