Jasiri sollozaba, acurrucada en el suelo. La habitación permanecía vacía, a excepción de ella y Brie, con las cortinas cerradas, como si el mundo exterior no tuviera derecho a invadir ese espacio tan íntimo. Los ojos de su amiga estaban llenos de compasión mientras la observaba en silencio. Sabía que Jasiri estaba al borde de un colapso; su espíritu luchaba por mantenerse entero ante el huracán de emociones que se había desatado.
—Tienes que tranquilizarte, Jass —murmuró Brie con voz suave, sen