La luz matutina se reflejaba en los rascacielos de Nueva York, tiñendo de dorado las calles de la ciudad mientras Seo-jun avanzaba con paso ligero. Había algo energizante en el bullicio de la mañana, en el movimiento constante de las personas que, como él, comenzaban su jornada. Aunque no le entusiasmaba tener que trabajar para Adam, Seo-jun no dejó que eso afectara su buen ánimo. Había aceptado el desafío con una sonrisa, decidido a demostrar que podía adaptarse a cualquier situación, por más