Era temprano en la mañana y la luz suave del amanecer se colaba por las amplias ventanas, bañando el espacio en un tono dorado que contrastaba con su humor sombrío.
Sobre el escritorio de caoba pulido, un café negro recién servido humeaba, cortesía de su eficiente secretaria, quien siempre sabía con exactitud cómo le gustaba. Adam tomó un sorbo, saboreando el amargor que despertaba sus sentidos mientras aguardaba la llegada de Seo-jun.
El reloj en la pared marcó las ocho en punto cuando la puer