꧁ ISABEL ꧂
La habitación olía a flores y a hospital, una mezcla extraña que se me pegaba a la piel. Las cortinas se movían, dejando entrar una luz lánguida que dibujaba franjas doradas sobre la cuna, sobre la mesa con ramos que alguien había traído; las peonías dejaban en el aire un perfume denso, casi maternal, y todo ese aroma parecía envolver a Luna como un halo tibio. Ella dormía, pequeñísima y caliente, con la cabeza apoyada en mi clavícula; su respiración era un rumor bueno que yo escuchab