꧁ ISABEL ꧂
Sentí las manos de mi madre temblar contra mi espalda, su aliento tibio en mi cuello, y por un momento todo el ruido del encierro se volvió un rumor lejano. Pensé en Hugo, en el plan que había trazado en la libreta, pero al mirarla a ella ahí, frágil y segura bajo las sábanas, supe que no podía partir. La idea de huir, de contarle todo a Hugo para que ayudara a escapar, se me deshizo en la boca como un caramelo pegado al paladar. No podía dejarla sola. No podía irme.
Alejandro perman