Ella estaba sentada, entre los abogados y Scott, pero su mente no estaba allí. Estaba atrapada en un mar de pensamientos contradictorios, un caos que la desbordaba. A su alrededor, las voces de los abogados se entrelazaban en un murmullo distante, como si vinieran de otro mundo. La presión en su pecho era tan palpable que apenas podía respirar. La habitación estaba impregnada de una tensión que la ahogaba. Cada palabra, cada gesto, parecía venir de un universo ajeno al suyo.
De repente, la voz