꧁ ALEJANDRO꧂
Llegamos a la casa pasadas las siete de la noche. El tráfico me había drenado más de lo que esperaba. Valentina estaba a mi lado, callada, con los labios apretados, los ojos brillantes de un fuego que no lograba descifrar. Se movía con esa tensión que no quería discutir, y yo decidí no indagar. No tenía ánimo para discusiones ni mucho menos. Tenía demasiado peso en los hombros: reuniones que se habían alargado, decisiones empresariales, revisión de informes que no podían esperar. L