Me quedé de pie, congelada en el sitio, como si el mármol bajo mis pies hubiera tragado cualquier impulso de movimiento. ¿Había oído bien? ¿Lo había oído decir eso en voz alta? ¿Si mi embarazo no llegaba a término, lo perdería todo? Pero...¿Qué demonios significaba ese todo? ¿Su vida? ¿Su fortuna? ¿Su empresa? ¿Su poder? Las palabras podían haber sido un aviso, una amenaza, una confesión; sin embargo, no fue eso lo que más se clavó en mí.
Lo que más me rompió fue la forma en que me habían nombrado, el desprecio que dejaron caer sobre mí como un trozo de hielo. “Ella es inferior”, “ella no significa nada” “un vientre de alquiler”. Lo escuché claro, y cada sílaba me dolió más que la anterior. ¿Cómo era posible que me afectaran tanto esas palabras? Me sorprendí a mí misma por la rapidez con la que mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, por la manera en que mi pecho se apretó hasta que mi respiración se hizo errática. ¿Por qué me devastaba saber que Alejandro no me miraba ni con un á