Isabel estaba sentada, entre los abogados y Scott, pero su mente parecía estar en otro lugar, atrapada en un mar de pensamientos contradictorios. A su alrededor, las voces de los abogados fluían, pero ella apenas las escuchaba.
Uno de los abogados rompió el silencio con una voz que resonó en la sala como un trueno en la tormenta interior que estaba viviendo Isabel.
—Con la confesión de Alejandro, tenemos una ventaja considerable —dijo, mirando directamente a Isabel con una seriedad casi implaca