El sonido de la lluvia golpeando la ventana llenaba la habitación con un murmullo constante, casi hipnótico. Isabel estaba sentada en el sofá de su sala, abrazando sus rodillas, la cabeza baja, sumida en pensamientos oscuros. Habían pasado dos días desde la audiencia, y la tormenta en su interior no había hecho más que crecer, una batalla constante entre la ira, el dolor y la duda. Había momentos en los que la confesión de Alejandro le parecía un paso hacia la redención, pero en otros, esa mism