Esas palabras que ella le había lanzado tenían un peso insoportable, porque, por más que quisiera defenderse, por más que intentara darle la vuelta, sabía que una parte de lo que había dicho era verdad. Pero también había algo más. Un sentimiento que no podía ignorar, aunque se sintiera pequeño e insignificante al lado de todo lo que había hecho. Él sí quería a Isabel, no como una posesión, sino como la mujer que amaba. Y quería tener a su hija con él, no solo para aferrarse a una herencia.
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