Le pareció que había conseguido afectarla de verdad con sus palabras, pero Aiko no tardó en recuperarse.
— ¿Y si no lo hago?— interrogó ella, altaneramente.
Él se encogió de hombros.
—Me gustaría que nos concentráramos los dos en el hecho de que, como ves, volvemos a llenar las portadas de las revistas de chisme —le recordó ella con firmeza.
A Hiro le dio la impresión de que le estaba costando hablar de ello con él. Y le gustó ver que todo aquello era difícil para ella. Pensaba que, si le r