La rubia que había estado agarrada de él, palideció y lo soltó en cuanto oyó las palabras de Aiko
Él se limitó a recorrerla con la mirada. Había una advertencia muy clara en esos ojos oscuros, pero ella no pensaba dejarse intimidar por él.
La brisa marina había conseguido afectarla y en esos momentos se sentía como era la noche, imprudente y seductora al mismo tiempo, capaz de cualquier cosa.
Tampoco ayudaba que hubiera visto cómo Hiro había mirado y casi babesfo por esa otra mujer.
Durante