Roxanne Meyers
—Salvatore… te necesito.
Él me miró completamente confundido, se cruzó de brazos y negó con la cabeza. ¡Maldita sea! ¿Qué acabo de decir?
—Quiero decir, Salvatore, que te necesito porque Hope ya no tiene pañales ni artículos de aseo y, bueno, ya sabes cómo es con los bebés… Está en plena etapa de cambio y pues… —Los nervios me jugaron una mala pasada.
Él dirigió la mirada hacia las escaleras de la mansión y, justo en ese momento, unas empleadas subían con cajas repletas de pañale