Roxanne Meyers
Alcanzada por mis peores temores y sintiendo el corazón martillear salvajemente en mi pecho, me levanté de la cama donde yacía mi hija. Mis ojos buscaron desesperados algo con lo que defendernos, hasta que se detuvieron en la lámpara de porcelana sobre la mesa de noche. La tomé con ambas manos y la levanté, amenazante, apuntando directamente al mayor de los gemelos. Sabía que era Kane; había aprendido a distinguirlos durante los días que viví con Salvatore.
Mis manos temblaban al