Salvatore Gianluca.
Su mirada, cargada de nerviosismo y puro terror, se clavó en la mía. Quise, lo juro, quise tomarla por el cuello y arrancarle la vida. Pero, para mi desgracia, Roxanne ya era parte de la mía. Acabar con ella sería como destruir una parte de mí mismo, y mi corazón se arrugó ante su traición.
Siempre supe que me ocultaba algo. Tengo este maldito don para detectar mentiras, y ella lo hizo con un cinismo insoportable. Lo peor fue que bastó escuchar un simple «te amo» salir de s