Escuché dos golpes en la puerta que nos sacaron abruptamente de nuestro intenso romance. Rodé los ojos. ¿Acaso no podía tener un solo minuto de paz con ella?
—Espérame, Roxanne, voy a ver quién es. —Me levanté de su lado y abrí la puerta. Kane estaba pálido, negando con la cabeza.
—Señor, acaban de atacar los barcos. Venía uno con los hombres destinados para la misión y… —Kane hizo un gesto de desagrado, como si fuera a vomitar.
—¿Qué? ¡Habla, Kane! ¿Qué te pasa? —le grité, apretando los puños,