Ya no tengo compasión.
En el salón se podían observar pedazos de jarrones rotos esparcidos, junto a otros adornos de cristales, que estaban destrozados; convirtiendo ese lugar tan elegante en una escena caótica y desordenada. En solo unos minutos los muebles estaban volcados y el ambiente era de total destrucción.
La primera en llegar corriendo fue Aylin, quien se percató que la persona que encabezaba ese desastre era Mauro, junto a unos amigos que parecían vándalos y sin temor alguno, se acercó a él furiosa.
—¡¿Qué