Vestido y alborotado.
Una hora antes...
El lujoso automóvil de color negro se deslizaba suavemente por la carretera hacia la mansión Zadoglu, seguido de cerca por una robusta camioneta. A lo lejos se vislumbraban un par de gigantes portones, y Aylin respiró hondo mientras miraba pensativamente por la ventanilla. Su expresión se tornó aún más seria cuando su celular vibró sobre su regazo, rompiendo el silencio. Al ver el identificador de llamada, activó el altavoz y respondió dudosa:
—Sí, buenas.
Del otro lado de la