Odiando y amando a mi tirano.
Lara estaba recostada en un viejo sofá de la sala, con la mirada perdida en el deteriorado techo lleno de manchas de pintura descascarada. Sostenía un vaso para el mate entre sus manos temblorosas, sorbiendo el líquido lentamente, mientras su rostro reflejaba cansancio y tristeza.
En ese momento, Luci regresó del exterior y se dejó caer a su lado en el sofá, con la intención de mostrarle cariño.
—Mamá, ¿cómo estás? — trató de agarrarle la mano derecha, pero Lara la apartó. Cada día estaba más d