Marido dramático y juguetón.
Tres días después:
Disfrazado y oculto detrás de unos falsos bigotes y lentes oscuros, Darío observaba con ansiedad el viejo edificio donde viven sus hijos y Lara. Su deseo de verlos era abrumador, pero la presencia de dos unidades policiales estacionadas allí lo mantenía cauteloso. Sabía que estaban esperando por él, y cualquier movimiento en falso podría ponerlo en peligro.
Con un teléfono desechable en la mano, intentó llamar a sus hijos, pero cada vez que respondían, colgaban de inmediato a