Cuando decides ser bonito, me enamoras.
Remolona, Aylin no quiso irse, como Damián se lo pidió, sino que se cubrió, y se paró a su espalda.
—Estás desnuda. Te pedí que fueras a cambiarte—, refunfuñó todo mandón.
—A los sicarios no les importa eso, ¿o piensas que me van a poner ropa para darme una muerte decente? —, se quejó renuente a esconderse y él movió la cabeza para los lados.
—¡Eres terca como una mula! —, pronunció entre dientes, pero cuando estaba a punto de abrir la puerta, unos suaves toques familiares captaron su atención