NARRA EMERSON
Desde esta tarde había notado a Berenice algo extraña. Luego del repentino llanto, me había preocupado y mucho. Odiaba que no me dijera lo que le estaba sucediendo, pero no quería presionarla, sabía que algo me estaba ocultando y no podía imaginarme qué era.
En el transcurso de la cena, había estado muy callada. Solo contestaba monosílabos cuando era necesario, y las veces que sonreía –las cuales no eran muchas- la alegría no le llegaba a los ojos y sus ojos no brillaban como lo