NARRA BERENICE
—Eres una pequeñita muy hermosa —dije mirando embelesada a mi sobrina.
—Nos dio un buen susto —respondió mi hermana totalmente adolorida.
La verdad que sí, pero ya los momentos de angustia habían pasado. Ahora todo el esfuerzo que hizo mi hermana mayor le dio sus frutos. La bebé era hermosa, tenía una mata de cabello un poco más claro que el de Rosario, aún sus ojitos de deslumbraban grises, pero quizá… solo quizá había heredado los ojos azules de su padre.
—¿Aún no saben cóm