Poco a poco comencé a movernos más rápido, aumentando el ritmo de las envestidas tomando las caderas de Berenice para hacer el trabajo más fácil. En todo el baño solo se escuchaban nuestros gemidos, el sonido de nuestros cuerpos chocar y el agua de la ducha caer. Las manos de Berenice jugaban con mi cabello, tironeándolos en más de una oportunidad haciendo que cerrara los ojos por tanto placer que mi cuerpo transitaba. Las paredes vaginales de Berenice comenzaron a apretarme en torno a ellas, h