NARRA BERENICE
Novia, novia, novia; mi cabeza no dejaba de procesar esa palabra.
Ya no estaba segura si mi corazón podría soportar más felicidad. Aún no podía creer lo afortunada que era. ¿Emerson Harker me amaba? ¿En serio? Al parecer había sido una criatura muy buena en mi vida pasada para merecer todo lo que me estaba ocurriendo.
—¿Se puede saber qué es lo que te causa tanta gracia? —preguntó mi novio, luego de despegar sus labios de los míos.
—Estoy feliz —contesté largando un suspiro—.