NARRA BERENICE
—¿Es necesario que me pongas tantas cosas en mi rostro, Farrah? —pregunté sintiendo como sus manos se movían por mis párpados y mejillas reiteradas veces.
—Por supuesto que sí, ya deja de chillar como una niña, verás que el resultado te va a encantar… —respondió mi nueva loca amiga.
Estábamos con Farrah en el convertido cuarto de los padres de Emerson, que era donde estaba quedándome por última vez, porque ya mañana estaríamos de vuelta en el departamento. Félix le había avisado